jueves, 4 de octubre de 2007

MI VOZ A MEDIA ASTA

Como profesional de la radio y la televisión, pongo mi voz a media asta.
Hoy prefiero escuchar a hablar. Y escucho a Carlos: "los sentimientos son una medicina necesaria". Dicho por Carlos Llamas durante la entrevista con José Ramón de la Morena en "El larguero" del 7 de mayo de 2007. Otras muchas, y sabias, frases sobre la vida y la muerte, en http://www.cadenaser.com/
Por cierto, ¿qué pensaría Carlos del video de las Juventudes del PSOE en el que se ridiculiza a un joven del PP durante una parodia de un concurso de TV? ¿Caricatura, coña marinera? ¿"Gilipoyuá", como decía Tip, o video simpático, como dice Zapatero? Más bien, torpe ataque al adversario, que al final desvela mal gusto y, lo que es peor, contradicción lamentable de los socialistas, porque, para defender la Educación para la Ciudadanía, denigran a quien piensa de modo diferente. En todo caso, poco relevante y de escasísimo talento, aunque la España mediática y política no para hoy de hablar del video.
Habría que oir a Carlos metiendo el berbiquí hasta la médula...

1 comentario:

unamigoderioyo dijo...

Javier Rioyo, en su blog:
Muchos amigos están en su capilla ardiente. No entiendo ni lo de capilla. Ni lo de ardiente. No le acompañó la fe a Carlos Llamas. Yo también carezco de esa misteriosa fuerza oculta. No la añoro. Él confesó no hace mucho que sí, que le hubiera gustado tener fe en algo trascendente, pero no consiguió tenerla ni cuando supo que se enfrentaba a la muerte. Nunca es dulce la muerte. Creo. No lo es cuando quieres vivir. Carlos quería vivir. Estará muy cabreado por no haberlo conseguido, nosotros también.
No se si habrá funeral. Creo que sí. No iré. Ni al entierro. He visto abrazos, llantos y tristezas por la televisión. No quiero acercarme, no lo haré. Le tengo cariño, le aprecié como ser humano y como periodista. Nos entendimos bien. Teníamos raíces zamoranas, en mi caso, más producto de lo imaginario que lo real. Pero ahí estaban. Además teníamos otras raíces más profundas que nos unían. Sufríamos por el mismo equipo. Nos gustaba la misma ciudad. Su ser poblachón, ser barrio y su querer ser, y serlo, gran ciudad. Nos gustaba la noche. Las copas. Y el humo de los cigarros. Me gustaba ese humo que lo mató. Me sigue gustando aunque no fumo después de ver lo que hizo con él. Hoy, mi amplio yo inconsciente y temerario, casi me hace volver al cigarro para recordar mejor a Carlos. Me resistí. Me desconozco. Pero sí, al menos eso, he brindado por el amigo muerto. Suene un disco de Madeleine Peyroux. Canta “La javanaise”. Levanto mi copa. Y hago caso a Lec: “Cuando no encuentres palabras de indignación, no las sustituyas por elogios”. Estoy cabreado.