
Con papel higiénico y aire del subsuelo se consiguen ingeniosas esculturas urbanas. Tomen nota los Ayuntamientos que sacan a concurso proyectos públicos que terminan costando un ojo de la cara. El autor es de Valladolid y vive en Madrid de la buena voluntad de la gente. Si te colocas en medio, el chorro de aire también eleva corbatas, gabardinas y faldas. Interacción artística, lo llama el autor.
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