miércoles, 5 de diciembre de 2007

UN INCESANTE GOTEO DE CADÁVERES

He visto esta mañana las fotos en Internet, y este mediodía las imágenes en el Telediario. Dos cayucos llegaron anoche a las costas del sur de Tenerife con noventa y un inmigrantes a bordo, tres de ellos ya fallecidos. Otros nueve han precisado atención médica en centros de salud, aunque no se teme por su vida. De nuevo, otro viaje aterrador. Otro sueño imposible. Otro amargo final. Muchos logran llegar... pero casi nada, en su vida, se parece a lo que imaginaron. Pongamos, por usar un ejemplo cercano, que nos cruzamos por la calle con uno de esos subsaharianos que venden "La Farola". ¿Qué hacemos?. Leo a Rosa Montero:

"cuando nos encontremos por la calle con los subsaharianos, o, dicho sin eufemismos, con esos jóvenes negros africanos que ofrecen La Farola a la puerta de los grandes almacenes, unos tipos mansos y modestos que no dan nada la lata y a los que, por consiguiente, tendemos a ignorar olímpicamente, recordemos que detrás de cada uno de ellos es muy probable que haya una aventura vital espluznante, una proeza de increíble supervivencia en las pateras mortíferas, una gesta atroz que, plasmada en una película de Hollywood, nos hubiera hecho llorar de emoción y considerar un héroe a este chico que ahora desdeñamos."

Una reflexión con cuerpo y con alma, con "plus", que quizá nos ablande el corazón en estas fechas navideñas tan alegres. Porque las imágenes, tal y como las presentan en TV, no dicen nada a la mayor parte de la población. Es la reduccionista liturgia humanitaria. Habituados al espectáculo de la miseria humana, el exceso de imágenes nos deja indiferentes. Los resortes de nuestra sensibilidad han quedado adormecidos. Somos testigos impasibles de hechos terribles. Todas las embarcaciones y ocupantes parecen iguales, y ese incesante flujo hace que las imágenes pierdan impacto. El espectador siente una indiferencia creciente.

1 comentario:

Alfonso dijo...

Recuerdo una fotografía que ganó un premio hace unos años. Era un cadáver de un inmigrante muerto en una playa de Cádiz. No muy lejos, una pareja tomaba el sol en una sombrilla, ajena a todo. Terrible.