He visto este fin de semana "Los crímenes de Oxford", de Álex de la Iglesia. Nada que ver con sus anteriores trabajos, repletos de exhuberancia visual, sentido del humor desatado, situaciones y personajes casi freaks, originalidad y talento, como en "El día de la bestia" y "La comunidad". Su nueva película supone un salto cualitativo en su carrera, y me ha gustado. Me ha gustado, usando palabras de Carlos Boyero, su intriga "atractiva y rara, cerebral y aromática, densa y sofisticada, construida con imágenes potentes y diálogos trabajados, sin una pizca de humor ni concesiones al jugueteo, más pendiente del intelecto que de las emociones, una película que exige esfuerzo y concentración al receptor, que mezcla audazmente el incontestable rigor de las matématicas y los brillantes hallazgos filosóficos de Wittgenstein con el enigma y la resolución de asesinatos retorcidos, anticonvencionales, concebidos como obra de arte".
Su factura es estupenda y los actores (John Hurt, Elijah Wood y Leonor Watling) cumplen con eficacia en sus papeles. Déjate seducir por la trama, déjate llevar por el clima fascinante que construye, porque al final todo encaja. Como requiere este género cinematográfico.

















