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jueves, 11 de febrero de 2010

LORENZO MILÁ: DEL PLATÓ A LA CALLE (2)

Hemos vuelto a ver hoy a Lorenzo Milá rodeado de nieve en Washington, una ciudad colapsada estos días por el "Snowgeddon". En un post anterior comenté las virtudes que adornan al comunicador de TVE. Hoy le han permitido hacer algo que está vetado para la mayoría de corresponsales o redactores de la mayoría de cadenas españolas. En lugar de realizar una conexión en directo o enviar una crónica con voz en off + imágenes + medianilla (intervención a cámara en el centro de la información), se ha emitido en el Telediario un video en el que se encadenaban una varias intervenciones a cámara de Milá. Es decir, que le hemos visto seis o siete veces en seis o siete localizaciones distintas en Washington.

Normal en otros formatos de "intrépidos reporteros", pero más que excepcional en un programa informativo. Muy descriptivo, muy expresivo... pero quizá hoy excesivo. Porque en la capital norteamericana lucía el sol. Pero, sobre todo, porque el vídeo siguiente del TD-2 versaba también sobre los efectos del frío y la nieve, pero en España. La redactora que lo ha elaborado ha dicho en off: "había que tener agallas como las del Cid para salir hoy a la calle en Burgos o en Ávila". Estas agallas nos pillan más cerca.

miércoles, 10 de febrero de 2010

LORENZO MILÁ: DEL PLATÓ A LA CALLE

Hace unos meses, Lorenzo Milá abandonó la comodidad que proporcionan la calefacción (o el aire acondicionado) del plató de Torrespaña en Madrid para embarcarse en su segunda etapa como corresponsal de TVE en Washington. Cuando Lorenzo habla, "sube el pan", como suele decirse: su credibilidad está fuera de duda. Creo que, liberado del corsé del Telediario (me refiero al político, no al técnico, Lorenzo es un comunicador nato), su credibilidad es mayor.

No sólo cuenta historias desde una azotea con el fondo de la Casa Blanca. Sus crónicas nos trasladan -como el otro día- la fiebre colectiva de la Superbowl, o -como ha ocurrido hoy- los efectos de la nevada en la capital de EEUU de la mejor forma posible: pisando nieve en una calle desierta, pasando frío pero sin temblarle la voz, al estilo de los reporteros que recorren España y se llenan de barro o de nieve hasta la rodilla si la ocasión lo requiere. Sólo ante el peligro, sin maquilladora ni regidor ni editor ni autocue ni nada. Como uno más. Y eso le honra.